Los guardianes del espacio aéreo

Manel Molins

No nos referimos a los Guardianes de la Galaxia, película fantástica de éxito en la que unos aventureros espaciales junto con unos personajes humanoides  van por la galaxia utilizando sus poderes para salvar al Universo. Tampoco a los Guardianes del Espacio, serie inglesa de ciencia ficción de los años 1965-1970 titulada en versión original “The Thunderbirds”, en la que unas marionetas animadas eran, en secreto, los miembros de Rescate Internacional, una organización de respuesta de emergencias privada y muy avanzada, rescatando a las personas con sus vehículos del futuro, los Thunderbirds 1 a 5.

Portada de la serie “The Thunderbirds”

Si no que nos referimos a unas personas reales que en su día a día hacen una labor destacada para ordenar el tráfico aéreo y conseguir que la multitud de aviones que despegan, vuelan y aterrizan en todo el mundo lo hagan de forma ordenada, con unas frecuencias de despegue y aterrizaje mínimas, pero sobre todo que todo ello transcurra de forma segura y siguiendo los protocolos establecidos.

Los controladores aéreos son los artífices de esta coordinación. Su imagen estuvo mal trecha durante algún tiempo debido a diversos conflictos laborales, no solo en España sino también en otros países como Francia. Pero desde hace unos años, esa parte del transporte aéreo discurre para los pasajeros con absoluta normalidad, tal es así que los hace casi invisibles, y por tanto no somos conscientes de la labor que realizan día a día, hora a hora, minuto a minuto.

LOS CONTROLADORES AÉREOS SON UNA DE LAS PIEZAS CLAVE PARA LAS OPERACIONES AÉREAS Y SU SEGURIDAD

En las inmediaciones de los aeropuertos podemos observar un conjunto de aviones que vienen de todas partes pero que finalmente se alinean delante de la pista de aterrizaje en perfecta hilera y con una secuencia casi exacta, hasta cinco aviones en fila se pueden llegar a ver en el horizonte, todos ellos apuntando hacia la pista de aterrizaje en perfecto orden y con su distancia establecida.

Esto no ocurre de forma espontánea ni casual, sino que unos profesionales con muchas horas de formación y de práctica diaria, supervisan la ruta de los aviones. Primero en tierra, ordenan sus evoluciones para evitar colisiones y su entrada en la pista de despegue de forma controlada, una vez han despegado velan por que alcance su nivel de vuelo de forma segura sin interferencias entre aviones.  Cuando están a su altura de crucero (alrededor de los 10-12 km de altura) deben verificar los cambios de rumbo, altitud y asegurar que los cruces entre aviones se producen de forma segura. Finalmente finalizando el vuelo en su bajada para hacer la aproximación los pilotos son guiados evitando interferencias con otros aviones y se sitúan finalmente en la citada hilera para aterrizar.

Pero …, que pasa si hay alguna incidencia: un avión con algún problema técnico, una persona indispuesta, o condiciones atmosféricas desfavorables. Estos profesionales han de dar respuesta y resolverlo de forma diligente dando prioridad al aterrizaje del avión en cuestión mientras que simultáneamente han de retrasar el resto de aviones, o bien desviar el tráfico aéreo a otros aeropuertos alternativos. Es decir han de estar preparados para afrontar una situación no prevista en cualquier momento ordenando a los diversos pilotos cambios de dirección, altura y velocidad para que todo funcione de forma natural y segura.

LA FORMACIÓN Y ENTRENAMIENTO DE LOS CONTROLADORES SE COMPLEMENTAN CON LOS MEDIOS TECNOLOGICOS IMPLEMENTADOS

Hay que reconocer que en un entorno aéreo con alta densidad como Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca este trabajo no es evidente ni simple, pero estas personas experimentadas tienen la capacidad y entrenamiento para abordar de forma existosa cualquier incidencia.

Por otra parte, estos profesionales tienen el soporte de unos medios tecnológicos punteros y de unos protocolos muy elaborados. Por ejemplo, el espacio aéreo está dividido en pequeñas parcelas que son gestionadas cada una de ellas por una pareja de controladores, coordinándose entre ellos y entregando cada avión a la siguiente parcela en una situación preestablecida, lo que hace que este enorme jeroglífico se convierta en un puzzle compuesto por piezas más fáciles de gestionar una a una.