La sustitución de las nucleares: ¿un futuro próximo o lejano?

Manuel Molins

Las siete nucleares que funcionan actualmente tienen ya más de 30 años de vida. Según datos de 2017, estas centrales nucleares generaron el 21% de la electricidad de España. Una cifra que confirma que constituyen una base muy importante para cubrir las necesidades eléctricas nacionales.

Estas instalaciones llevan un largo periodo de funcionamiento, por lo que la administración y sus propietarios están ya considerando tanto los plazos para su cierre como el diseño del nuevo mix de generación que supla estas centrales manteniendo la seguridad de suministro.

Acuerdo para un cierre responsable

Recientemente los propietarios de las centrales nucleares han cerrado un acuerdo juntamente con ENRESA, empresa estatal responsable del tratamiento de residuos radiactivos, para el cierre escalonado de las centrales en el periodo 2.027-2.035. Esto supone que la vida de dichas centrales supere los 45 años de vida.

Por otro lado, la evolución del cambio climático y los compromisos acordados en la cumbre de Paris hace que se deban restringir las emisiones de Gases Efecto Invernadero (CO2, metano, gases fluorocarbonados, etc.). Acciones para cumplir el compromiso que no suba la temperatura media del planeta más de 2 grados, pero teniendo como objetivo que la subida no supere el 1,5 grados centígrados.

Este escenario comporta que la sustitución de las centrales nucleares no se pueda realizar con combustibles no renovables (carbón, fuel y gas natural), sino incrementando la generación eléctrica a partir de energías renovables.

El proceso, paso a paso

A priori, parece simple: vamos cerrando centrales nucleares y paralelamente vamos instalando nuevas instalaciones renovables. Por ejemplo, centrales fotovoltaicas y eólicas, las que ya producen con unos costes del kWh del orden del precio actual de producción eléctrica. Sin embargo, un análisis detallado las cosas deja claro que no es tan simple.

Hemos de recordar que en 2017 las centrales nucleares produjeron electricidad una media de 7.516 horas al año, mientras que las instalaciones fotovoltaicas y eólicas lo hicieron 1.788 y 2.082 horas como media. Esto significa que las nucleares producen de forma continua (salvo paradas de mantenimiento y recarga), mientras que las renovables citadas lo hacen cuando hay irradiación solar o viento.

Actualmente las centrales de carbón, fuel y gas actúan de contrapeso para asegurar la demanda de electricidad minuto a minuto. Por cierto, quien dirige esta orquesta de forma impecable cubriendo las incidencias y garantizando la demanda eléctrica es Red Eléctrica de España (REE).

El nuevo mix de generación se debe diseñar de forma que se conjuguen diversos factores: desaparición de las nucleares, potenciar las renovables, minimizar las emisiones de gases efecto invernadero, satisfacer la demanda y tener una reserva para cubrir eventuales averías de centrales en funcionamiento. Pero sustituir una central de funcionamiento continuo por un conjunto que generan dependiendo de la climatología, sin más, no es fácil ni garantiza el suministro eléctrico.

un tema de consenso político y de los sectores afectados

Es en este punto cuando aparece el concepto gestionabilidad, es decir, la capacidad de una central de adecuar su producción a las necesidades de la demanda. Esto supone que por una parte las nuevas instalaciones fotovoltaicas o eólicas tengan algún tipo de almacenamiento como baterías, o bien promocionar también otras renovables gestionables como las centrales de biomasa, las centrales hidroeléctricas reversibles, las termosolares con almacenamiento, etc.

En definitiva, si bien el Gobierno está trabajando en un modelo energético a medio plazo, esta estrategia requiere el consenso no solo político sino de los sectores afectados para poder establecer una guía clara en los próximos años a fin de conseguir los objetivos planteados.