La profesionalidad, ¿un bien devaluado?

Manel Molins

“El trabajo bien hecho no tiene fronteras” fue un eslogan catalán para propiciar la competitividad de las empresas, no parece que en la actualidad y en diversos sectores sea un principio director universal. Estamos en la época de la imagen, la nube, los sondeos, la comunicación, los influencers, los tags, los “like”…

En ciertos ámbitos lo más importante es lo que parece, la apariencia frente a lo real. Ello no quiere decir que hayamos de rechazar la publicidad, ni el marketing, ni la comunicación, todo lo contrario. Éstas son herramientas imprescindibles para transmitir un mensaje, un producto, un servicio, una gestión; pero no se debería caer en la tentación de utilizar estas herramientas en sentido inverso, es decir, crear un mensaje para que un público objetivo lo asuma sin tener presente si está soportado por la realidad objetiva.

LAS ACTITUDES QUE DEFORMAN LA REALIDAD REINTERPRETANDO LA OBJETIVIDAD SE MUEVEN POR DOQUIER

Las famosas “fake news” no son más que un reflejo de ello: se lanza un mensaje o noticia en base a unos intereses determinados, sin tener en cuenta lo más mínimo que haya una realidad detrás de todo este despliegue de recursos. Pero para sus difusores lo importante es que el mensaje responda a una intencionalidad determinada, sin importar lo más mínimo la rigurosidad objetiva.

Lo mismo podemos aplicar al mundo profesional. Habiendo excelentes profesionales por doquier y en todos los sectores, no es menos cierto que hay un colectivo presumiblemente no mayoritario pero tampoco desdeñable, que actúan lejos de los criterios de la profesionalidad, código ético, etc, solo respondiendo a intereses propios o de ciertos grupos.

Basta ver sectores como el financiero, político, periodístico, algunas grandes empresas, etc. que recientemente se han visto envueltos en escándalos causados por mala praxis de alguno de sus directivos. Por desgracia tampoco las administraciones tanto legislativa como ejecutiva como judicial no han estado alejadas de este fenómeno, en este caso rompiendo el principio de confianza legítima que tienen los empleados públicos.

Ya hemos pasado por épocas parecidas con movimientos como los “yuppies”, y que afortunadamente desparecieron al volver la cordura y el sentido común. No obstante, actualmente parece que este fenómeno “fake” se haya extendido a múltiples sectores, en todo el mundo, llegando a cotas más intensas y preocupantes.

DEBEMOS VOLVER A LOS ORíGENES DE LA SOSTENIBILIDAD, SENTIDO COMÚN, HONESTIDAD Y PROFESIONALIDAD

Desde esta tribuna reclamamos volver a la PROFESIONALIDAD, a los tiempos en que el eslogan con que iniciábamos este artículo nos hacía reflexionar y apuntar en una dirección de la que después nos sintiéramos orgullosos.

Cada profesional tiene un marco de trabajo determinado, con sus reglas, códigos y sus mejores prácticas, donde se ha de circunscribir la tarea diaria que hacemos. Pero aún es más importante la honestidad, el respeto entre los diversos actores de nuestro entorno, y la voluntad de progreso dentro de un orden siguiendo los dictados del sentido común de toda la vida, porque a veces parece que el sentido común sea el menos común de los sentidos.

Nuestro reto debería ser dejar una sociedad mejor para las nuevas generaciones, con respeto de los valores tradicionales de sostenibilidad, sentido común, honestidad y profesionalidad.