La llegada a la Luna: un reto tecnológico de nuestro día a día

Manuel Molins

El 12 de septiembre de 1962 John F. Kennedy aseguró que EEUU lograría ir a la Luna antes de acabar la década: “Elegimos ir a la Luna, no porque sea fácil, sino porque es difícil”. Este enfoque se produjo después de que Rusia fuese por delante no solo en la puesta en órbita del primer satélite, el Sputnik, sino también del primer hombre, Yuri Gagarin. La pérdida de esta carrera, en plena Guerra Fría con la URSS, supuso una humillación de la que se quisieron resarcir dedicando todos los recursos necesarios para lograr este objetivo.

Este reto se cumplió el 20 de julio de 1969, cuando el Apolo 11 con los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins llevó al hombre a pisar la Luna. Otras 6 expediciones lograron llegar a la Luna, siendo la última en diciembre de 1972. Desde entonces la carrera espacial se ha centrado en la Estación Espacial Internacional, pero ya de forma conjunta colaborando los centros espaciales de USA, Rusia, Japón, Canadá y de la UE.

EL RETO DE PONER UNA PERSONA EN LA LUNA REQUIRIÓ UN DESARROLLO TECNOLÓGICO DE PRIMER ORDEN

Después de 50 años cabe preguntarse qué nos queda de aquel reto titánico dado que supuso un esfuerzo tecnológico de primera línea para desarrollar nuevos materiales, sistemas de comunicación, organización industrial, control de calidad, etc.,con el fin de superar y paliar todos los riesgos que suponía una misión de este calibre.Para todo el programa Apolo se aplicaron masivos recursos humanos y económicos, que se cifran en la dedicación de unas 400.000 personas y en un coste total en el entorno de lo que hoy serían unos 200.000 millones $.

Podemos citar como un avance clave el desarrollo de hardware informático, pues los ordenadores que llevaban debían ser fiables, lo más pequeños y ligeros, la palabra clave fue la miniaturización (recordemos que estamos hablando de la década de los 60). La tecnología desarrollada contribuyó posteriormente a que en la década de los 80 viéramos pasar año a año los procesadores 8086, 80286, 80386 y 80486, para ya en los 90 ver desfilar toda la saga de los “Pentium”.

En el campo del software, se desarrollaron programas de simulación,de control de calidad para evitar errores, y más importante, se crearon las bases del sistema de control de navegación digital lo que permitía que a partir de los sensores y la ruta programada el sistema activase de forma precisa las correcciones de la trayectoria. Esta fue el punto de partida de los actuales controles de vuelo en los aviones y de los sistemas de ayuda a la conducción de los automóviles actuales.

SI BIEN LOS DESARROLLOS EN HARDWARE Y SOFTWARE FUEROS DECISIVOS, NO HAY QUE OLVIDAR QUE SE TUVO QUE PENSAR EN PEQUEÑAS COSAS COMO UN TALADRO SIN CABLES

Como avances más curiosos, Black&Becker desarrolló un taladro portátil a baterías para tomar muestras de la superficie lunar. Así pues es fácil imaginar cual es el origen de los actuales pequeños electrodomésticos sin cables, desde taladros a aspiradores y a cepillos de dientes.  Muy importante también fue la preparación y conservación de la comida siguiendo criterios de higiene, conservación del valor nutricional y de bajo peso. Ello llevó al desarrollo de la comida liofilizada, la comida era envasada previamente y era preparada de forma que no contenga microorganismos en unas bolsas a las que solo se debía añadir agua (rehidratar), de esta forma se ahorra peso y sobre todo se prevenía la exposición a infecciones.

Los trajes espaciales han requerido el estudio de materiales para el aislamiento del exterior pero a la vez permitiendo una cierta movilidad,y el diseño de los equipos de soporte vital con oxígeno, control de la temperatura, y comunicaciones. También se desarrollaron mantas aislantes para proteger la cápsula de la radiación solar, hoy en día tienen un uso muy extendido sobre todo para situaciones de emergencia.

También se ha de citar el esfuerzo en la mejora de las comunicaciones y la transmisión de datos. Desde el centro de control de la NASA en Houston (Texas), se monitorizaban los parámetros de la cápsula espacial, las constantes vitales de los astronautas, se recibían imágenes on-line, y por supuesto se podía interactuar con los ordenadores de a bordo. El mantenimiento de esta comunicación constante, requirió que al menos 3 estaciones terrestres ubicadas en diversos puntos del planeta estuviesen de forma secuencial en contacto con la nave. Una de ella fue la de Robledo de Chavela en Madrid, que fue la que precisamente estaba conectada en el momento de que Neil Armstrong puso el pie en la Luna por primera vez.