LA ECONOMÍA EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

Celia Lorente

Son tiempos inciertos, el coronavirus ha traído a nuestras vidas un nuevo escenario que no podíamos ni imaginar cuando en la noche de fin de año brindábamos felices por el 2020. Tan solo dos meses después, nuestra realidad ya no es, ni de lejos, la misma. Vivimos como en una distopía de serie de Netflix donde la gente va por las calles con mascarillas, desconfía de los demás y asalta supermercados. Ahora, sin todavía explicarnos muy bien por qué, formamos parte de esa distopía. Nosotros llevamos las mascarillas, nos alejamos del amigo al que hasta hace poco saludábamos con dos besos y asaltamos los supermercados por miedo al desabastecimiento.

El coronavirus no solo ha afectado a nuestra salud y relaciones sociales, nos ha pasado por encima en forma de tsunami económico. A este fenómeno se refieren los expertos como “la llegada de un cisne negro”, una metáfora, desarrollada por el filósofo Nassim Taleb, con la que se identifican eventos no esperados que generan un enorme impacto -casi siempre desestabilizador- en una organización. La organización en este caso es la economía mundial ya que, no solo los países con coronavirus, sino todo el planeta se ve afectado por sus efectos debido a la globalización.

En España sectores clave como el turismo que representa el 12% del PIB, la automoción y otros como el transporte o el comercio se han desplomado. A lo que hay que sumar la cancelación de eventos culturales y de ocio, el cese de la docencia en colegios y universidades, o el cierre de bares y restaurantes… La economía prácticamente se ha frenado en seco de un día para otro.

En este escenario las empresas se están preparando para reportar resultados en rojo. La lucha contra el coronavirus puede acabar llevándose por delante el trabajo de dos millones de pequeñas empresas y autónomos, y con ellas más de tres millones de puestos de trabajo. El descenso en las inversiones y el menor consumo en los hogares generará un aumento en el desempleo y un estancamiento en los salarios para los que logren mantener su trabajo.

Los efectos del coronavirus se van a dejar notar en los bolsillos de los españoles. La cuantía dependerá de la duración de la alarma sanitaria, algo que en estos momentos nadie sabe o puede estimar. Si la duración fuera de los 15 días previstos -un escenario que prácticamente ya se está descartando-, los efectos se sentirán, pero la economía podría recuperase sin excesivos daños. Si la parálisis económica se alarga más de 15 días, provocará más despidos, y para los trabajadores autónomos la pérdida de gran parte de sus ingresos, lo que haría peligrar la economía de las familias.

Económicamente, cuanto más dure la epidemia, más extensas serán las medidas de contención y más recesivo será este colapso. La clave, según los expertos, es que se produzca una recuperación en forma de V. Este modelo se da cuando hay un parón brusco de la economía, pero la vuelta a la normalidad también es rápida. Es el escenario de recuperación más dinámico. Estas previsiones más optimistas se basan en el supuesto de que solo serían necesarias unas pocas semanas de confinamiento para combatir la pendiente exponencial de la propagación del virus, y que el retorno a la normalidad se lograría de manera rápida y eficiente.

Sin embargo, cada vez se habla más de una prórroga del estado de alarma en España que llevaría a una recuperación en forma de U, en la que los indicadores tardan más tiempo en llegar a los niveles en los que se encontraban antes de la recesión. Es el escenario más probable.

En el peor de los casos iríamos a una recuperación en forma de L, cuando hay una recesión muy pronunciada y larga en el tiempo. En este supuesto, la recuperación de indicadores macroeconómicos como el empleo o el PIB puede durar años, o incluso décadas.

Aunque las proyecciones varían, existe una especie de consenso entre los analistas financieros de que el panorama mejorará en la segunda mitad del año. El plan del Gobierno para inyectar 200.000 millones de euros a través de una línea de avales por valor de 100.000 millones y beneficios para las empresas que se acojan a ERTE, así como ayudas y moratorias hipotecarias para familias vulnerables, intentará paliar los daños. Se trata, de un desembolso de cerca del 20% del Producto Interior Bruto (PIB), la mayor movilización de recursos de la democracia. Esperemos que estas medidas económicas, junto con las de contención del virus, den sus frutos y podamos volver a la normalidad en un periodo de tiempo razonable y sin grandes daños.