Carmen Conesa: “He caído más veces de lo que creen, pero soy de las que saben levantarse”

Photo: Lighuen Desanto

Entrevista a Carmen Conesa, protagonista del musical “La Familia Addams”

Un musical de miedo… y un musical de humor. Así es esta exitosa puesta en escena que lleva todo un año acumulando éxitos con una gira que ha triunfado en cada rincón de España. Medio centenar de profesionales son los responsables de “La Familia Addams”, veinte los cuales sobre el escenario. Brillando con luz propia una singular Carmen Conesa, que cambia a diario su rostro risueño, su rubio dorado y su aspecto casual y desenfadado por un cabello moreno, una imagen gótica y una cara circunspecta. A juzgar por su personaje, nadie diría que se siente afortunada. Contrariamente, esta veterana artista que destaca por su carácter polifacético, considera que en esta ocasión la suerte se ha convertido en su aliada.

¿Qué supone para Carmen Conesa dar vida a Morticia en “La Familia Addams”?

Nunca me ha tocado la lotería y me imagino que esto es lo más próximo a vivir esta sensación. No compro números y, por tanto, nunca me tocará ningún premio. Pero aquí creo que tuve la suerte de jugar con los números que te da la experiencia profesional acumulada; la tenacidad y la persistencia a lo largo de mi carrera. Cuando Esteve Ferrer me llamó, me invadió un enorme sentimiento de felicidad. En ese momento estaba con Emilio Gutiérrez Caba interpretando “Después del ensayo”, de Bergman. Tanto él como el resto del equipo se mostraron muy comprensivos, pues coincidieron que era una oportunidad única que no podía desaprovechar.

“No hay nadie insustituible”

Triste pérdida para esa producción.

Ahí quedó patente que no hay nadie insustituible. De inmediato, le di respuesta afirmativa a Esteve Ferrer, consciente también que interpretar a un personaje tan icónico como Morticia, tan identificado por el público, te confiere una gran responsabilidad, pues tienes que corresponder a lo que los espectadores esperan de él. Constituye todo un reto, pues aparecer morena, gótica, de negro… es algo que no suele casar conmigo. Y tampoco sonrío en toda la función. Pero es un reto muy feliz; un trabajo maravilloso en el que la clave del éxito reside en la dirección estelar de Esteve Ferrer y en la extraordinaria selección del elenco, que ha permitido unir a un equipo de cincuenta profesionales, si sumamos los treinta técnicos, que cada día llevamos a cabo una función redonda, porque “La Familia Addams” funciona como una pieza de relojería. No hay lugar para la improvisación. Hay que agradecer a LetsGo Company, la promotora su apuesta incondicional por esta producción.

Photo: Lighuen Desanto

¿Cuál es la plaza en la que más han triunfado?

En Gijón y, sobre todo, en Bilbao. Estuvimos llenando a diario las 4.000 butacas del Palacio Euskalduna. A ello contribuyó que nuestros productores, Iñaki y Gorka Fernández, son bilbaínos y muy queridos en su tierra.

¿Usted es más de miedo o de humor?

Soy más de humor, si bien también me gusta el humor negro. Aunque no he visto ninguna de las películas sobre “La Familia Addams” sí que leía sus cómics y era seguidora de la serie en blanco y negro.

¿Quiénes son sus referentes en el mundo de la escena?

He realizado un amplio seguimiento de Jack Lemmon, a quien considero el maestro de la comedia, si bien también me encandila Anthony Hopkins. Entre las actrices, mis referencias se hallan en Frances McDormand, Emma Thompson y Glenn Close. No me pierdo ningún estreno de Glenn Close.

“quiero mantenerme en «La Familia Addams» hasta el último día de función”

¿Qué estrenos veremos próximamente de Carmen Conesa?

De momento continuaremos con “La Familia Addams” hasta marzo, pues después de Barcelona vamos a Valencia, Mallorca, Almería, Albacete, Lleida, San Sebastián, Córdoba, Murcia, Alicante… Así hasta mitad de 2019. También está en perspectiva una gira con “La Duda”, de John Patrick Shanley. Por fortuna, proyectos no me faltan, pues también mantengo mi participación en la serie “Com si fos ahir”, de TV3. Y he rechazado varias propuestas porque quiero mantenerme en “La Familia Addams” hasta el último día de función.

Antes ha comentado que este espectáculo funciona como una pieza de relojería, pero seguro que habrá habido algún desajuste que haya propiciado alguna anécdota. 

Recuerdo que, en una de las funciones, una de las bailarinas que tenía que descender desde el aire, se quedó colgada, con las piernas al aire, por un fallo mecánico. El resto continuamos bailando hasta que finalizamos el número. Al finalizar la escena, los técnicos fueron hábiles y rápidos para apagar las luces, bajar el telón y rescatar a nuestra compañera con una grúa. Afortunadamente, aquel capítulo tuvo un final feliz, pues su riego sanguíneo se interrumpió; una situación con un límite soportable de entre cinco y diez minutos.

¿Cuál es su asignatura pendiente sobre los escenarios?

Me gustaría poder llevar a cabo una suerte de performance en la que pudiera dar rienda suelta a mi carácter polifacético con distintas artes: tocar el piano y la guitarra, cantar, recitar poesía, interpretar… Y, a poder ser, junto a mi hija Carmen, que también es artista: toca el piano, canta y está siguiendo clases de teatro.

¿Qué les aconsejaría a los jóvenes que quieren seguir la carrera artística?

Que se preparen lo máximo posible y que no tengan pereza a la hora de estudiar. Y que se preparen más allá de su estricta carrera. Que aprendan danza, canto, teatro, pantomima… y que no descuiden los idiomas. Cuanto más conocimiento acumulen, mejor, pues accederán a más oportunidades profesionales y se enfrentarán a menos competencia. La versatilidad resulta vital en este oficio. Si pueden complementar su formación con estudios de Bellas Artes y aprender un instrumento musical, mucho mejor. A partir de ahí, invertir tenacidad, persistencia y muy importante: saber levantarse. Hay un proverbio japonés que dice “Nanakorobi yaoki”.

¿Qué significa?

Caerse siete veces y levantarse ocho. Ésa es la esencia en esta profesión: saber levantarse. Todos caemos cada semana y tenemos que ser capaces de volver a levantarnos.

Dudo que usted haya sufrido muchas caídas…

Más de lo que cree. Pero soy de esas personas que saben levantarse.

¿Dónde se siente más cómoda: en el teatro, en televisión, en el cine…?

Me siento cómoda donde haya un equipo inteligente, un buen guión, una buena dirección, unos partners comprometidos… Me siento feliz cuando hay nivel.

“De niña quería ser ventrílocua”

¿De dónde parte el alma de artista de Carmen Conesa?

Supongo que es algo innato. De niña quería ser ventrílocua, pues me hacía gracia poder otorgar voz a un muñeco; o incluso ser payasa. Por aquel entonces triunfaban Mari Carmen y sus muñecos, o José Luis Moreno, que eran mis referentes. Mis padres me regalaron un muñeco con el que hice mis primeros pinitos. Incluso participé en el programa radiofónico “Radioscope”, de Salvador Escamilla, donde acudían niños prodigio que destacaban en distintas disciplinas.

¿Se truncó esa carrera?

Mi madre decidió que tenía que dedicarme a otra cosa: guardó el muñeco en un armario y me inscribió en natación y en ballet. Si tengo que ser sincera, a lo largo de la vida he querido ser tantas cosas… De niña admiraba también a Marisol. Me encantaba cantar y bailar, lo cual me llevó a estudiar canto y piano. Tengo que reconocer que era el prototipo de la niña mimada, y que mis padres solían acceder a todas mis pretensiones. Y si yo decía que quería estudiar algo, lo conseguía. Porque estudiar era mi pasión. Por fortuna no me dio por otros lujos…

¿Dónde se desarrolló su escolaridad?

Estuve en un montón de colegios: en las carmelitas, en las franciscanas, en el Tagore, en el Pureza de María, en el Granés… Me cambiaron varias veces de escuela. Unas veces, porque la comida no me gustaba; otras porque no resultaba fácilmente accesible; después, porque no hacían el bachillerato…

Y, después, a la Universidad.

Sí: me matriculé en Bellas Artes, aunque no culminé la carrera. Lo dejé en cuarto, porque por aquella época también estudiaba en el Institut del Teatre, en el departamento de Danza. Además, se dio la circunstancia que me presenté a un casting para participar en “Historia de un caballo”, de Tolstoi, dirigida por José María Rodero y junto a Paco Valladares y Mª José Alfonso, entre otros. Ése fue mi debut artístico y ahí descubrí que ya no quería bajarme del escenario.

“Me gusta
disfrutar de la pintura en la intimidad”

Había nacido una artista.

Aun así, seguí combinando la faceta de actriz con mis otras aficiones artísticas, pues me gusta disfrutar de la pintura en la intimidad, o del piano en mis momentos de soledad.

¿Cómo definiría su pintura?

Como hiperrealismo desdibujado. Es arte figurativo; óleos con los que de vez en cuando realizo exposiciones. La última de ellas, en Linares.

¿Y con qué se relaja frente al piano?

Suelo mezclar la música clásica con el jazz. Ahora, por ejemplo, estoy estudiando jazz junto a un profesor. Y mi último logro con el piano es haber aprendido a tocar de memoria “Claro de luna” de Debussy.

Siempre estudiando… ¿No tiene otras aficiones?

Estudiar sigue siendo mi pasión y, cuando tengo tiempo, me matriculo en disciplinas varias, en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Recientemente, por ejemplo, me matriculé en una asignatura de filosofía: “Últimas tendencias del arte”. Pero también me gusta mucho el deporte. Soy patrona de yate, lo que me permite pilotar naves de hasta 24 metros de eslora y navegar a 150 millas de la costa. Asimismo, disfruto patinando y practicando el running o saliendo a caminar con mis tres perros. El deporte me sienta muy bien para la cabeza. Incluso he participado en algunas ediciones de la San Silvestre Vallecana…

Supongo que esa disciplina deportiva es en buena parte responsable de esa envidiable línea que luce. ¿Realiza algún tipo de dieta?

Como mucha verdura y ningún pastel. No me gustan los dulces. Y no pico entre horas.

Así se entiende esa figura… de miedo.