Caen las ventas de coches: ¿por qué?

Manuel Molins

Las ventas de vehículos nuevos siguen bajando después de una evolución negativa durante nueve meses consecutivos. A nivel global esta bajada se cifra en el entorno del 9-10%, pero en el canal de ventas a particulares estamos en cifras de dos dígitos, en el entorno del 11-12%. Por si no fuera poco, las exportaciones también han bajado, por lo que los fabricantes de coches están reajustando sus producciones a la baja, lo que por desgracia afecta al PIB estatal y al empleo en el sector.

Los niveles de bajada de este junio incluso han sido superiores a los producidos a finales de 2018 por el cambio del estándar de evaluación del consumo a la norma WLTP. Ello significó un aumento de los consumos homologados, en consecuencia de las emisiones de CO2 estimadas para cada vehículo, y por tanto el aumento de impuestos en bastantes modelos.

LAS VENTAS DE VEHÍCULOS SIGUEN BAJANDO DESPUÉS DE NUEVE MESES DE VALORES NEGATIVOS

Otro factor que sin duda afecta a esta disminución es la incertidumbre tecnológica. Hasta hace poco, pocas dudas había, gran parte de los compradores se decantaban por modelos con motorización diesel, pues tenían bajos impuestos en la compra al ser sus consumos homologados bajos, eran económicos en su uso pues el combustible es más barato que la gasolina, y nadie decía nada del resto de sus emisiones.

Después de la crisis del “Dieselgate” con la evidencia que las emisiones reales de algunos contaminantes eran muy altas, de las informaciones sobre un cambio de fiscalidad del diesel respecto a la gasolina, y de las declaraciones sobre restricciones de circulación especialmente dirigidas contra las motorizaciones diesel, no es de extrañar que la venta de este tipo de motorización haya caído; a pesar que los notables avances en materia de emisiones nocivas que han hecho los fabricantes, por cierto una curiosamente rápida evolución tecnológica.

Además a este escenario se añaden los presagios que se anuncian respecto a los vehículos eléctricos, ciertamente es un tipo de motorización que ha de evolucionar al alza, pero no parece que sea la única solución a medio plazo y no será fácil llegara masivos niveles de implantación a corto-medio plazo. Se debe tener en cuenta, que el desarrollo de este tipo de vehículos requiere la adaptación de infraestructuras de distribución eléctrica derivada del necesario incremento de potencia eléctrica de los parkings y de la implantación masiva de puntos de recarga públicos. Otro aspecto, ya comentado en otros artículos es la capacidad de producción de baterías y la estrategia productiva y de precios, solo recordar que China es actualmente el productor del 85% de los metales denominados “tierras raras”, necesarios en su fabricación.

No solo eso, sino que ahora se vuelve a poner en valor el gas natural como combustible vehicular. Las campañas realizadas hace años por el sector gasista haciendo hincapié que el gas natural es sostenible, ecológico, etc. han hecho mella. Si bien es cierto que el gas natural mejora de forma sensible las emisiones de compuestos perjudiciales para la salud, no es menos cierto que contribuye al incremento de gases efecto invernadero, por la generación de CO2 en su combustión, y se trata de un combustible no renovable.

Finalmente, hemos de sumar unas regulaciones de tráfico en las grandes conurbaciones basadas en un sistema de etiquetas voluntarista pero con grandes incongruencias. Se basan en la tecnología del motor y no en sus emisiones reales. Como ejemplo ya se comentó que un vehículo de alta gama con un gran motor térmico por el hecho de tener una simple hibridación “suave” ya adquiere la etiqueta ECO, teniendo un acceso menos restringido a zonas sensibles.

EL AUTOMÓVIL TIENE DEMASIADAS INCERTIDUMBRES, TECNOLÓGICAS, FISCALES, DE EMISIONES…, QUE HACEN QUE EL CONSUMIDOR DUDE SOBRE QUE COMPRAR

En definitiva para un consumidor que se plantee cambiar de coche no es nada fácil racionalizar una decisión con este panorama. La incertidumbre tecnológica, la previsión de modificaciones fiscales en los precios de los propios vehículos y de los combustibles, los anuncios de que la motorización del futuro es la eléctrica o la del gas natural, y el hecho que la realidad de los actuales vehículos diesel y gasolina dotados con hibridación son cada vez menos contaminantes, hace que se detecte un retraso en la decisión de compra ante este complejo escenario.

Por tanto, el sector de fabricantes y concesionarios de vehículos junto con las compañías energéticas deberían colaborar con las Administraciones, no solo estatales sino también europeas, para poner orden en este rompecabezas. Se deben hacer normativas claras y coherentes con el estado actual de la técnica, y su posible evolución teniendo en cuenta no solo el objetivo final sino también lo que es posible. Para ello se debe analizar los niveles de emisiones reales admisibles, que infraestructuras se necesitan desarrollar para cubrir el cambio a nuevas motorizaciones, y por supuesto que tipo de fiscalidad se aplicará para conseguir los objetivos marcados.