Un viaje con los cinco sentidos con el director de Pangea

Entrevista a David Hernández, director general de Pangea

Viajar es su pasión. «Si tengo un euro, lo invierto en viajes», afirma David Hernández, emprendedor de éxito que acaba de abrir en Barcelona un establecimiento de 1.700 metros cuadrados dedicados a la sana actividad del viajar. Formado en la Politécnica de Catalunya como ingeniero, este consultor estratégico alimentó la idea de Pangea cuando estudiaba un MBA en IESE.

Ese proyecto quedó en el cajón, David se trasladó a Londres para trabajar en la banca de inversión y, después de haber recalado en Madrid y en Brasil, en 2013 pensó que era el momento de poner en marcha ese proyecto. «En 2014 contacté con inversores y en noviembre conseguí culminar con éxito la primera ronda». Un éxito que se tradujo en 3,2 millones de euros que le permitieron inaugurar, once meses después, en octubre de 2015, la primera agencia Pangea en Madrid. «Un establecimiento experiencial en el queasesores especializados atienden a quienes desean realizar cualquier tipo de viaje: desde una ruta por la ciudad por diez euros hasta los proyectos más extraordinarios que uno pueda imaginarse. Recientemente nos han contratado un viaje a Madagascar por 44.000 euros u otro de 66.000 euros para un crucero por el Ártico, pero el récord lo ostenta una experiencia colectiva por parte de una empresa que supuso una inversión de un millón y medio».

Ahí es nada. ¿Satisfechos de la experiencia en Madrid?
Mucho. Ahí hemos realizado un gran aprendizaje. Ha sido una experiencia con errores y aciertos que nos permite abrir este centro en Barcelona, donde tanto por ubicación, como por espacio y espectacularidad es mucho mejor. Hemos buscado sinergias con un partner bibliográfico de primer nivel como la Casa del Libro así como con un operador de referencia en el mundo de la restauración para ofrecer los mejores servicios en ambas facetas. Asimismo, contamos con acuerdos con otras firmas líderes como Port Aventura, Samsonite o Philips para que nuestra oferta resulte óptima.

«mi coche tiene 17 años, porque prefiero gastar en viajes»

¿Cómo se inició el viaje apasionado de David Hernández por este mundo?
Lo que más me gusta en este mundo es viajar. Desde que empecé a ganar mi primer dinero, impartiendo clases particulares a los 14 años, todo lo suelo dedicar a viajar. Por eso mi coche tiene 17 años y mi ropa, casi… Prefiero gastar en viajes, conocer otras culturas, otras personas, la gastronomía de otros países…

¿Con ese coche también viaja?
Por España, mucho. Uno de los primeros viajes que recuerdo, una vez me hube sacado el carnet de conducir, fue el que hicimos con el coche de mi madre junto a tres amigos, recorriendo España durante mes y medio. Bajamos hacia Valencia, Andalucía, remontamos por Madrid, Salamanca y hasta Galicia.

¿De qué viaje guarda mejor recuerdo?
De mi luna de miel. Durante dos meses recorrimos con mi flamante esposa Tailandia, Vietnam y Camboya. De hecho, cada año repetimos con ella un viaje de luna de miel. Siempre le preparo, coincidiendo con nuestro aniversario nupcial, un viaje a distintos destinos: Bali, Maldivas, Estados Unidos… Antes me tiraba tres meses buscando en Internet. Hasta que me dije que ya estaba harto de invertir tanto tiempo en la Red. Ahora tengo Pangea y todo resuelto. Y con la garantía del precio mínimo. Le reto a cualquier a que intente programar un viaje con las mismas características: ahorramos tiempo y dinero. Además, nuestro equipo de especialistas les va a contar detalles sobre el destino que no van a encontrar en Internet. Este verano, por ejemplo, viajo a Tanzania diez días. Maite, nuestra asesora especializada en ese país, ha viajado a ese país medio centenar de veces. Muchos de los asesores de Pangea han sido guías en los propios países.

«comía a apenas
dos palmos de un chino cuyos palillos se tocaban con los míos»

¿Qué resulta imprescindible cuando se viaja?
Pasión. Hay quien viaja simplemente para poner una pica en el mapa, o incluso quien lo hace por aburrimiento. Pero para disfrutar del viaje, para que éste resulte enriquecedor, es necesario poner pasión para disfrutar del entorno, de la cultura, de las gentes. Puedes viajar con amigos, y seguramente te lo pasarás muy bien. Pero divertirte ya lo puedes hacer en casa. Viajar es entrar en contacto con la cultura local de los países que visitas y descubrir los rincones más maravillosos que esconden. Ahora mismo acabo de volver de un viaje espectacular en China, donde me senté a comer en un puesto callejero donde tenía delante mío, a apenas dos palmos, a un nativo cuyos palillos prácticamente se tocaban con los míos y con quien nos intercambiamos lamparones en nuestras respectivas camisas. Pero esa experiencia no tiene precio.

Ya que alude a esa experiencia, le invito a hacer un viaje retrospectivo a través de los sentidos. ¿Qué sabor guarda como experiencia imborrable?
Durante nuestra luna de miel, en Tailandia, probé infinidad de sabores. Me encanta la gastronomía y en ese país me atreví absolutamente con todo; incluso con las cosas más inverosímiles. Mi esposa es más prudente, pero yo me lancé a descubrirlo todo. Bien es verdad que, finalmente, mi estómago lo acusó y tuve que acabar buscando una socorrida pizzeria.

¿Qué aroma quedó registrado para siempre en su recuerdo?
Del de perritos calientes que percibí en Nueva York, procedente de los puestos callejeros; esos típicos que aparecen en las películas y que, cuando los vi, me planteé si superarían los controles sanitarios. Tenía 19 años y no dudé en zamparme uno.

¿Cuál es la postal visual que quedó eternamente en su retina?
Tengo dos postales. Una de ellas corresponde a los templos de Angkor Vat, una ciudad perdida que emerge en medio de un entorno selvático y que constituye un lugar espectacular. La otra me lleva a Maldivas, donde con mi esposa disfrutamos de una extraordinaria playa solitaria de trescientos metros, con unas aguas cristalinas. Me lancé al agua, nadé unos cien metros… hasta que comprobé que a apenas tres metros había un tiburón.

Sospecho que el retorno a la playa debió ser más rápido… ¿Qué sonido, o qué silencio, se halla grabado en su memoria?
Mi familia es gallega y durante mi infancia, hasta los catorce años, los veraneos transcurrieron en Galicia, en una casa tan antigua que no había ni sanitarios. La planta inferior daba cobijo a los animales, que de este modo proporcionaban calor natural a la vivienda. En esa época tuve ocasión de cubrir varios tramos del Camino de Santiago, que me encanta. Ahí viví una experiencia deliciosa como es la de andar en soledad escuchando apenas cómo crujían las hojas a mi paso o las ramas de los árboles balanceándose con el viento. La naturaleza me fascina, y ahí, en medio del bosque, sentía que formaba parte de ella…

«saltar en paracaídas
me causó una doble sensación»

Concluyamos este viaje conociendo cuál es la mayor sensación experimentada en su piel en alguno de sus viajes?
Hay dos experiencias vitales que me resultan extraordinarias. Una de ellas son las inmersiones submarinísticas que he realizado, entre tiburones y rayas. La otra es saltar en paracaídas. La primera vez que me lancé fue algo extraordinario, porque durante el primer minuto estuve descendiendo 4.000 metros, a una velocidad de vértigo, en la que percibí que volaba como Superman. Y, de repente, un contraste absoluto de sensaciones en el momento en que se abrió el paracaídas, porque durante diez o quince segundos todo se detiene, quedas flotando en el aire y te das cuenta que puedes controlar la situación; incluso nos permitimos alguna pirueta con el instructor…

Toda una aventura. ¿Cree que la aventura de Pangea contribuirá a modificar los hábitos viajeros de los últimos años? 
Creo que sí, al igual que Decathlon en deporte; Leroy Merlin, en bricolaje; MediaMarkt, en electrónica de consumo; Ikea, en mobiliario… Pangea aspira a hacer lo propio en viajes, ofreciendo un amplio abanico de servicios, mucho más económicos y cuidando al cliente. Recuerdo que, cuando fuimos a vivir a Londres con mi esposa, primero nos alojamos en un apartamento de 40 metros. Posteriormente, al nacer mi primera hija nos mudamos a uno de 60, y yo me encargué de amueblar y decorar todo con lo que cargué en Ikea después de cuatro horas deambulando por el establecimiento. Conseguir que todo encajar fue una gran satisfacción. Pero ahora ya no monto nada más… Prefiero invertir el tiempo en viajar.

Pese a este macroestablecimiento, ustedes prestan servicio vía Internet. 
Correcto. Nuestro servicio es los siete días de la semana 24 horas al día vía digital. De hecho, el 60% de nuestros clientes nos contacta vía Internet.

Supongo que sus usuarios no responden al perfil de viajeros que se esconden tras una cámara y que, más que vivir la experiencia, se limitan a registrarla. 
De todo habrá. Es verdad que hay gente que no sabe aprovechar el tiempo. En mi caso, cuando voy de viaje soy el primero en despertarme y el último en acostarme, para descubrir el máximo número de experiencias desconocidas. Mi esposa tiende a abusar de las fotos, pero bien es verdad que después me permite rememorar esos extraordinarios momentos. Soy consciente que el tiempo es uno de los bienes más escasos que tenemos y me gusta aprovecharlo y pisar el terreno. Quienes gustan de grabar sus viajes en vídeo para verlos más tarde en la pantalla y no aprovechan la estancia en su destino están perdiendo el tiempo, pues podrían acudir directamente a los documentales que emiten en televisión.

«quiero llevar a mis hijos
de safari a tanzania»

¿Cuál es ese viaje de ensueño que guarda para un momento especial de su vida? 
Hay dos. Uno sería repetir una experiencia con mi esposa similar a la que vivimos en Maldivas, en un destino distinto, donde simplemente relajarnos. La otra sería llevar a mis cuatro hijos a un safari en Tanzania, pues deseo compartir con ellos la pasión por los animales y la naturaleza. Cuando tenía dieciocho años, con mis padres viajé a República Dominicana, donde pude nadar con delfines. Es otra de esas experiencias inolvidables.

Tengo entendido que Pangea alberga una vertiente solidaria.
Pangea quiere colaborar con los destinos a los que envía a sus clientes, de ahí que nos planteemos cuatro proyectos para ayudar a distintas ONG repartidas por el planeta. Se trata de Streets of India, en Asia; Proyecto África, en el Continente negro; Mano Amiga, en Latinoamérica; y Soñar Despierto, una ONG que fundé hace 16 años en Barcelona con el objetivo de ayudar a jóvenes de familias desestructuradas a abandonar el círculo vicioso en el que se hallan inmersos. Esa experiencia, además de enriquecerme a nivel personal, me proporcionó conocer a mi esposa, pues hace catorce años la contraté para trabajar conmigo. Poco después, nos casábamos… y experimentábamos uno de los viajes de los que más grato recuerdo conservo.