Bagel de New York, baguette de París, Pretzel de Berlín, y ¿Barcelona? ¡La Baula!

Barcelona tiene una arquitectura reconocida y valorada a nivel internacional, una patrona, una fuente con agua de colores que danza al son de la música y un edificio contemporáneo que, al margen de suscitar bromas y comparaciones sobre su forma, le da un toque de color al skyline condal, pero estaba huérfana de pan hasta hace relativamente poco, cuando nació La Baula.

Baula, en catalán, significa eslabón. En este caso una de las partes de la cadena marinera con la que se representa a la virgen de la Mercè, patrona de la ciudad condal. Y por otro lado es el pan de Barcelona, uno hecho de masa madre, aceite de arbequina, sésamo y romero, productos todos mediterráneos y naturales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La responsable de la Baula es Teresa Artigas con Maribel Perpiñá, a partir de un proyecto artístico. Una exposición de la artista Berta Xirinachs en el convento de Sant Agustí de Barcelona (la primera panadería de la ciudad condal) el 24 de septiembre (día de la Mare de Déu de la Mercè) sirvió para que unieran conceptos y se creara un pan de la mano del maestro panadero Daniel Jordà dedicado a la patrona de Barcelona y con ella, a la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero más allá de la excusa para la creación de un pan artesano y de proximidad, que fomentara los buenos hábitos alimenticios, que fuera saludable y que gozara de tener un sabor exquisitamente bueno, la idea de este pan era crear un símbolo de compromiso social. Un producto integrador que se pudiera compartir con todas las culturas, por eso y siguiendo con esta línea de fondo social, la encargada de realizar las hornadas de Baulas para satisfacer los pedidos que reciben en su web www.labaula.cat, es la Fundación ARED, que cuenta con mujeres en riesgo de exclusión social.

 

 

 

En palabras de Teresa Artigas, una de las emprendedoras que sigue a la cabeza de este proyecto, “Cuando comes una Baula rompes un eslabón, una parte de la cadena que ata, que aferra. En esa rotura buscamos un acto integrador, el acto de recibir, de acoger y de compartir. Es un pan que nace de una idea social y que busca perpetuarse en esa línea”